Entrevista por Roberto Puente –
En Arica, a Ximena Astudillo no la invitan a los actos oficiales. Tampoco le llegan comunicados del gobierno regional ni de las seremías. Ese vacío, que para muchos sería un problema, para ella se ha vuelto una pista: “Creen que así me quedo sin temas, pero es justo lo contrario. Ahí es donde está lo que importa investigar”, dice con voz firme.
Periodista de investigación de El Mostrador y editora del newsletter Aquí Arica, Astudillo ha aprendido que el oficio en regiones se hace con más soledad, más insistencia y, muchas veces, más riesgo. En tribunales ha recibido empujones de familiares de imputados y hasta amenazas de muerte, una de ellas investigada por la Fiscalía. “Reportear crimen organizado en una ciudad fronteriza no es gratis”, confiesa.
Vocación en dictadura
Su vocación nació temprano. Era estudiante de periodismo en los años 90, con la democracia recién estrenada, cuando descubrió los reportajes que circulaban en revistas opositoras y en cintas VHS de Teleanálisis. Ahí entendió que el periodismo podía ser un arma contra el silencio. “Me marcaron los tres degollados, me marcó ver que había gente dispuesta a entregar la vida por contar lo que pasaba”, recuerda.
De sus referentes, nombra a Raquel Correa y a Mónica González. “Ellas mostraron que entrevistar era investigar, que incomodar era parte del deber”.
Sin pauta oficial
En su día a día, Ximena sigue de cerca los concejos municipales y regionales, revisa redes sociales y conversa con vecinos. De esas charlas en la calle, muchas veces, nacen pistas que terminan en reportajes. “La clave es no quedarse con lo que dicen los comunicados. Eso no es periodismo”, sentencia.
Lo hace sola, sin equipo en terreno. Mientras en Santiago los reporteros pueden apoyarse, en Arica el peso recae en ella. “No es una queja —aclara—, pero es un desafío. Aquí hay que ser reportera, editora, fotógrafa y correctora al mismo tiempo.”
Intentos de soborno
A lo largo de su carrera también ha recibido intentos de cooptación: sobres con dinero, viajes, cenas y favores ofrecidos a cambio de silencio. “Si hubiera aceptado, sería rica… y corrupta. Pero no podría salir a reportear con la frente en alto”, dispara sin titubear.
Proteger la democracia
En Aquí Arica las fuentes se cuidan como un tesoro. Solo hay excepciones: cuando lo dicho puede derivar en un delito grave o un daño inminente. “El pacto con la fuente es lo que sostiene al periodismo. Si lo rompes una vez, ya no sirves para este oficio”.
Su mirada es clara: el periodismo no debe decirle a la gente qué pensar, sino entregarle herramientas para que decida informada. “Eso es democracia. En regiones, donde hay menos ojos mirando, se vuelve aún más urgente”.
Lo que viene
Sus proyectos son ambiciosos: consolidar un equipo local, expandir Aquí Arica y lanzarse con podcasts de calidad sobre la realidad del norte. “Quiero que Arica tenga una voz propia, potente, que no dependa de Santiago”.
También aconseja a los jóvenes: leer historia, sociología, educación cívica; no quedarse en la inmediatez de las redes. “Las respuestas rápidas sirven un rato, pero el periodismo que queda es el que se hace con tiempo, con cabeza y con corazón”.
El norte es frontera y también espejo. Allí, entre silencios oficiales y voces ciudadanas, Ximena Astudillo continúa tejiendo relatos que incomodan. Porque en Arica, como en cualquier lugar donde la democracia se pone a prueba, el periodismo no es un lujo: es una necesidad vital.