Por Roberto Puente, especial para En la Mira
La periodista ariqueña Ximena Astudillo, corresponsal de El Mostrador y editora de Aquí Arica, habla sin rodeos: recuerda cómo la marcó la dictadura, confiesa las veces que han intentado comprar su silencio y explica por qué, pese a amenazas y marginaciones, sigue convencida de que investigar es un deber con la gente.
Ximena, ¿Cómo fue tu camino hasta convertirte en periodista de investigación?
Empezó cuando estaba en la universidad, en los años 90. Veníamos saliendo de la dictadura y yo tenía muy frescos los nombres de periodistas que se jugaron la vida por informar. Leía revistas opositoras y veía Teleanálisis en VHS, esas cintas que se pasaban de mano en mano y te mostraban lo que la televisión oficial escondía. Eso me marcó. Después, mis referentes fueron Raquel Correa y Mónica González, mujeres que demostraron que el periodismo no era solo contar lo evidente, sino hurgar donde nadie quería mirar.
¿Cómo eliges hoy los temas en Aquí Arica?
Mucho viene de escuchar. Observo los consejos municipales y regionales, converso con la gente en la calle, con autoridades… aunque a veces choquemos. También reviso redes, que sí, están llenas de ruido, pero si sabes leerlas, encuentras pistas. Lo importante es no quedarme en el comunicado oficial. Esa es la invitación que me hizo El Mostrador: dar contexto, mostrar lo que se esconde bajo la alfombra.
¿En tus reportajes sobre corrupción, crimen organizado o juicios de alto impacto? ¿Qué dificultades sueles encontrar?
Primero, la soledad. Aquí trabajo sola, no hay un equipo como en Santiago. Eso significa más carga, más insistencia, más horas. Después, la falta de respuestas de algunas entidades públicas, asesores con buena disposición, pero con límites, y otras oficinas que deben “consultar en Santiago”, lo que retrasa. Y claro, también está esa sensación de que incomodamos: hay autoridades que preferirían que no existiera un medio que fiscaliza.
¿Cuánta libertad editorial tienes? ¿Recibes directrices desde Santiago?
Tengo un editor nacional que supervisa los cuatro Aquí del país, pero somos libres de proponer. Yo llevo mi parrilla y la entrego; pueden sugerir, nunca imponer. He impulsado un sello más transgresor —caricaturas, memes, ilustraciones— siempre con respeto. La revisión existe, pero la autonomía también.
Independencia y modelo de financiamiento: ¿Cómo se sostiene Aquí Arica sin ceder a presiones?
No dependemos de financiamiento estatal ni empresarial. Algunas empresas se han acercado y luego se inhiben por temor a quedar mal con autoridades. Esa es la realidad. Aun así, preferimos la independencia: nuestra lealtad es con lectores y con la verdad, no con intereses políticos o económicos.
En casos sensibles (corrupción, crimen), ¿dónde pones los límites en cuanto a revelar nombres, proteger a fuentes, etc.?
Con respeto absoluto. Si alguien confía en mí, esa confianza no se rompe. Salvo que la información ponga en riesgo real a otra persona. Verifico mucho: quién habla, desde dónde, con qué intención. No me interesa el desquite personal, me interesa la verdad que afecta a la comunidad.
Democracia y Estado de Derecho: ¿qué rol le asignas al periodismo de investigación?
Fiscalizar al poder es irrenunciable. No buscamos guiar decisiones, pero sí entregar elementos para que la ciudadanía decida informada. En regiones, esto rompe esquemas: incomoda, pero es necesario para una democracia que funcione con controles, rendición de cuentas y datos abiertos.
¿Has enfrentado amenazas, censura o presiones por tus investigaciones?
Sí, varias. Me ofrecieron plata, viajes, cenas. Si aceptara, no podría salir a reportear con la frente en alto. Lamento que aún haya quienes crean que “se compra” el espacio. También recibí amenazas de muerte por cubrir casos de crimen organizado. Y hay una forma más sutil: dejarte fuera de las invitaciones, no mandarte comunicados. Piensan que así te quedas sin temas… pero en realidad me motivan más, porque ahí es donde está lo que la gente debe saber.
¿Qué te motiva a seguir en esto?
Que la gente tome decisiones informadas. No es decirles qué pensar, sino darles elementos reales para que construyan su propia opinión. Eso es democracia. Y en regiones, donde hay menos ojos mirando, es aún más urgente.
¿Qué proyectos tienes en mente para los próximos años?
Armar un equipo en Arica, que no sea solo yo. Ampliar Aquí Arica y atrevernos con nuevos formatos, como podcasts de calidad que cuenten lo local con profundidad. Y quizás volver en algún momento a lo corporativo, porque también me ha formado, pero sin dejar de lado la independencia que he defendido hasta ahora.
¿Qué habilidades o valores recomiendas a jóvenes periodistas interesados en investigación?
Que lean mucho, que vuelvan a la historia, que no se queden en la inmediatez de las redes. Y que se atrevan a conversar largo, a escuchar, a revisar archivos. Las respuestas rápidas sirven un rato, pero el periodismo que queda es el que se hace con tiempo, con cabeza y con corazón.
La entrevista ya terminaba cuando Ximena bajó el tono. Su voz, al otro lado del teléfono, sonaba serena pero firme, como quien ha aprendido a resistir sin perder la fe. Antes de despedirnos, la felicité por sus 5 mil seguidores en TikTok; se rió con esa mezcla de pudor y orgullo que solo tienen los que hacen su trabajo sin buscar aplausos.
“Lo importante no son los números”, me dijo. “Es que la gente escuche y piense”. Y tenía razón.
Colgamos, y me quedó resonando esa frase. Ximena se despide con la misma convicción con la que ha llevado toda su carrera, dejando claro que, pese a la soledad o a las puertas cerradas, investigar sigue siendo un acto de resistencia.
Porque en Arica —como en cualquier lugar donde la democracia se pone a prueba— el periodismo no es un lujo: es una necesidad vital.